Antonio Maceo: incógnitas sobre su muerte

Por José Miguel Márquez Fariñas y Ana María Reyes Sánchez, autores del libro del título.

Según el historiador Francisco Pérez Guzmán existen 47 versiones de la muerte del Mayor General Antonio Maceo y Grajales. Sin embargo, ninguna ha centrado su análisis en el terreno político. Es lo que se propone esta obra. Dos años de investigación corroboran la hipótesis de que la muerte de Antonio Maceo es el resultado de múltiples y complejos factores internos y externos que traslucen el interés de apartarlo del camino.

En apretada síntesis:
1. Estados Unidos siempre estuvo en contra de la independencia de Cuba. Ello fue más ostensible durante el segundo período presidencial de Cleveland (1893-1897), quien hizo lo imposible por impedir el inminente triunfo del Ejército Libertador y mantener a la Isla bajo la tutela española, como paso previo a la intervención.

2. Tras la temprana muerte de José Martí, Antonio Maceo se erige, por su pensamiento radicalmente independentista y anti anexionista, en el mayor obstáculo para las pretensiones imperialistas de los Estados Unidos. Las frecuentes manifestaciones de Maceo contra la intervención estadounidense en la guerra se debía a la comprensión de que: -apuntaba el historiador César García del Pino, citando a Raúl Roa- “la prematura caída de José Martí altera, decisivamente, su curso político ulterior. No se percató Máximo Gómez del peligroso viraje. Sí se dio cuenta Maceo, y hace cuanto puede para evitarlo. Ya era tarde. Desde que Tomás Estrada Palma se ha adueñado de la dirección política de la guerra de liberación, el Partido Revolucionario Cubano abandona la posición antiimperialista, americana y universal asumida por su fundador y guía, se olvida del compromiso contraído de fomentar y auxiliar la independencia de Puerto Rico, y, al abdicar su capacidad de decisión a favor del gobierno de los Estados Unidos, hipoteca antes de nacer el porvenir de la república prometida en el manifiesto de Montecristi”.

3. En las filas cubanas coexistían, entre otras tendencias, una a favor de la anexión de Cuba a Estados Unidos, otra, partidaria de que éstos intervinieran para acelerar el fin de la guerra e impedir que el segmento popular del Ejército Libertador protagonizara el Ayacucho Cubano, y por último, la de conquistar la independencia sin intervención extranjera, de la que fue Maceo su máximo exponente. (…) se discute si los Estados Unidos debe o no intervenir en esta guerra, –decía Maceo en carta a Estrada Palma, en abril de 1896- y sospechando que usted, inspirado en razones y motivos de patriotismo, trabaja sin descanso para alcanzar para Cuba lo más que pueda, me atrevo por mi parte a significarle que no necesitamos de tal intervención para triunfar en plazo más o menos corto. (…) Maceo, conocedor de las proclividades anexionistas del destinatario -señala César García del Pino-, trataba de detener su colaboración con el gobierno norteamericano (…) Tampoco espero nada de los americanos; -recalcaba Maceo a Federico Pérez Carbó el 14 de julio del propio año- todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin su ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso.

4. De ahí que la Delegación del Partido Revolucionario en Nueva York –Estrada Palma y sus seguidores–y el Consejo de Gobierno, alineado a sus posiciones, le negaran a Maceo el apoyo solicitado en hombres y pertrechos de guerra, a sabiendas de que Valeriano Weyler había concentrado el grueso de las fuerzas españolas en el extremo occidental para aniquilar al Titán; los refuerzos iban dirigidos al Oriente Cubano y a Camagüey, donde casi reinaba la paz.

5. Mientras se niega el apoyo a Maceo para atacar La Habana y ganar la guerra, Estrada Palma y otros círculos del mambisado anuncian, a mediados de 1896, que están por ocurrir acontecimientos importantes para la independencia de Cuba. ¿Qué acontecimientos podían ser esos como no fuera la certeza de que Estados Unidos intervendría en la contienda? Es obvio que el vertical antianexionismo de Maceo obstaculizaba esos planes. Asociado a esto, el Consejo de Gobierno destituye del mando de Oriente a José Maceo, hermano de Antonio, con el fin de anular el protagonismo de los jefes orientales –negros y humildes, en su mayoría-, mientras concede grados militares y nombramientos a espaldas del General en Jefe Máximo Gómez, tensando las relaciones a tal punto que Gómez presenta su renuncia como Jefe del Ejército Libertador y ordena a Antonio Maceo salir de Pinar del Río para entregarle el mando del Ejército. Otra vez -señalaba Fernando Portuondo- la clase patricia y culta incorporada a la insurrección batalló por mantener el predominio y para conseguirlo distribuyó generosamente los altos grados entre abogados, médicos y hacendados; con lo cual, por cierto, logró apoderarse de la república independiente cuando esta fue creada, dándole la figura que convenía a sus intereses.

6. En este contexto, cae José Maceo el 5 de junio de 1896, en el combate de Loma del Gato, en circunstancias que suscitaron sospechas de asesinato. El propio Antonio albergó dudas al respecto. Al mes siguiente, el 30 de julio, víctima de una traición, asesinan al joven general Juan Bruno Zayas, de quien Antonio Maceo había declarado que sería su relevo por sus cualidades como jefe y por su identidad de pensamiento, en caso que le sucediera algo a él.

Sobre Antonio Maceo concurrieron, además, las siguientes agravantes:
– Su deteriorado estado de salud, su adverso estado de ánimo por la muerte de su hermano, su preocupación por la crisis entre Gómez y el Consejo de Gobierno, el abandono en que lo mantenían impidiéndole dar el golpe de gracia al enemigo, así como su preocupación por la posible intervención estadounidense.

– En ese estado, Maceo acude al llamado de Gómez. El alto riesgo que representó el cruce de la trocha, con solo 17 de sus compañeros, se agravó por el hecho de que las tropas de La Habana bajo el mando de Baldomero Acosta no estaban esperándolo con los caballos solicitados, ni estaba Carlos González Clavel, jefe de su escolta, con 150 efectivos. Más tarde González Clavel testificó que no había podido cumplir las órdenes de Maceo porque la carta no le fue entregada oportunamente, había sido retenida en La Habana, ¿por quién?, no se sabe, pero sí se sabe que Baldomero Acosta era el encargado de mantener las comunicaciones de Maceo con La Habana. De haber contado con su escolta, Maceo probablemente no habría caído.

– El hecho de que el comandante español Francisco Cirujeda conociera, por una fuente de confianza, que Maceo cruzaría la trocha, evidencia el elemento de la traición, fue ese un componente más de altísimo riesgo.
– San Pedro era el lugar menos apropiado para establecer el campamento, lugar frecuentemente transitado por la tropa de Cirujeda, y por las particularidades del terreno –cuartones separados por cercas de piedra y alambre– que impedían la maniobra de la caballería.
– En San Pedro, además, se violaron todas las ordenanzas del Ejército Libertador para la protección del campamento, máxime tratándose de un jefe clave como Antonio Maceo:
• No se dio seguimiento a la tropa española.
• No se situaron las postas correspondientes para detectar la presencia del enemigo.
• A la hora del ataque no se dispuso de un corneta.
Cabe recordar que era Baldomero Acosta el encargado de seleccionar el lugar y brindarle protección al mismo.

En cuanto a los hechos, se destacan los siguientes:
1. El general Pedro Díaz Molina incumple la orden que le da Maceo al comienzo del combate, de atacar por el flanco izquierdo. Algunos historiadores consideran –según afirma Francisco Pérez Guzmán– que de haberse cumplido esa orden, Maceo no habría muerto.

2. Muerto Maceo, el General Miró Argenter se retira del lugar de la tragedia alegando al Dr. Zertucha que estaba herido y que regresaría con refuerzos. Miró no regresó y era falso que estuviera herido. Pedro Díaz Molina tampoco acudió con refuerzos.

3. Habiendo llegado Panchito Gómez Toro junto al cuerpo de Maceo, se retira Alberto Nodarse gravemente herido y en el trayecto al campamento se encuentra con Miró Argenter y Díaz Molina a quienes les indica donde se encontraban Maceo y Panchito para que acudieran a socorrerlos. Sin embargo, ambos hicieron caso omiso a su reclamo. Si aquellos generales hubieran cumplido su deber, Panchito hubiera quedado con vida, o sea, Miró Argenter y Díaz Molina son, en buena medida, responsables de su muerte. Pero, además, ¿qué certeza había de que Maceo había expirado? Nodarse, según su testimonio, encontró a Maceo con vida aún, queriendo decirle algo. El no acudir en ayuda de Maceo y Panchito ¿no trasluce la posible intencionalidad de dejarlo morir? ¿Qué pretendían estos dos generales? ¿Qué puede justificar la negativa reiterada de acudir en auxilio de Maceo?

Máximo Gómez expresó su consternación en un escrito en memoria de su hijo: La agudeza del dolor no ha sido tanto por la muerte de un hijo amado y de un compañero y amigo querido,… ha sido por las sombras siniestras que cubren aquel sangriento drama; (…) y el abandono es más doloroso y la muerte es más sensible así, pues se tiene que llorar dos veces, ó mejor dicho, por dos causas: primero por el muerto y siempre por el abandonado.

7. Apenas 24 horas después de la muerte de Maceo, el 8 de diciembre en Loma del Hambre, Bejucal, Miró Argenter envía una carta a Perfecto Lacoste, considerada el primer parte sobre la caída del Titán de Bronce, donde tergiversa los hechos. Esa carta revela la naturaleza y sentimientos dudosos de su autor. Pero, además, cuando el doctor Máximo Zertucha desenmascara allí mismo, ese día, la verdadera actuación de Miró Argenter, éste da órdenes a su ayudante de eliminarlo, so pretexto de que era un peligro para la revolución.

8. Menos de una semana después, la prensa estadounidense desata una campaña acusando al Dr. Zertucha de estar implicado con el Marqués de Ahumada en un complot para asesinar a Maceo. Esta campaña, que fue ampliamente difundida por las Delegaciones del Partido Revolucionario Cubano de Nueva York y París, requiere varias lecturas:
– La movilización de los principales medios periodísticos de Estados Unidos probablemente respondió a un plan coordinado por las instancias gubernamentales de ese país y la Delegación del Partido Revolucionario Cubano de Nueva York y, en particular, por Estrada Palma, quien había recibido la versión real de los hechos, y sin embargo, la engavetó con el fin de mantener la opinión pública norteamericana a favor de la intervención.
– Miró Argenter puede haber tenido participación en esta campaña, pues ¿quién, si no, el más interesado en atacar al único testigo de su deplorable actuación? Más tarde Federico Pérez Carbó, íntimamente vinculado a Estrada Palma y al propio Miró, se adjudicaría la autoría de esa campaña para, según él, provocar en la opinión pública estadounidense una reacción favorable a la intervención en la guerra contra España; “el fin justifica los medios”, alegó. No resulta difícil imaginar que esta patraña ideada por Pérez Carbó contra Zertucha, tuviera como fin, no sólo “salvar a un pueblo”, como pretextó, sino también a su amigo Miró.

9. ¿Pero cómo explicar la conducta de Miró Argenter cuando presenta a Pedro Díaz Molina ante Máximo Gómez como el autor del rescate de los cadáveres de Maceo y Panchito, permitiendo así el fraudulento ascenso de Díaz Molina a Mayor General? El general Silverio Sánchez Figueras desmiente ante Gómez la falsa versión de Miró y a partir de entonces no se le asigna mando militar alguno. Resulta significativa la carta que Miró Argenter envía a Pérez Carbó en agosto de 1897, en la que, además de denigrar al Ejército Libertador y a la figura de Gómez, plantea que la solución de Cuba es la “intervención extraña” (extranjera).

10. Después que el coronel Juan Delgado González -verdadero protagonista del rescate de los cuerpos de Maceo y Panchito-, muere víctima de una delación extrañamente cuando el Capitán General de la Isla Ramón Blanco había decretado una tregua, Miró Argenter publica una nueva versión de sus Crónicas de la Guerra en la que responsabiliza a Juan Delgado de lo acontecido en San Pedro, cuando en realidad esa responsabilidad correspondía a Baldomero Acosta, y él lo sabía. Esta acusación, amén de pretender borrar el papel protagónico de Juan Delgado en el rescate de Maceo y Panchito, ¿no perseguiría manchar la imagen de otro testigo crucial de los hechos para ocultar el rostro de los verdaderos implicados en la tragedia?

11. ¿Y qué pensar del Diario de Operaciones del Pedro Díaz Molina? Caracterizado por la meticulosidad en sus anotaciones, se vuelve extremadamente parco el 7 de diciembre, mientras relata extensamente el homenaje que se le rindió por su ascenso a Mayor General debido al supuesto rescate de Maceo y Panchito.

12. Tampoco deben ignorarse los servicios de espionaje de Estados Unidos y España. Llama la atención, en particular, la figura de Perfecto Lacoste, ciudadano estadounidense, muy allegado de Maceo, uno de los principales contactos de Estrada Palma en la Isla, quien tenía relaciones muy estrechas, privilegiadas, con el cónsul de EEUU en Cuba Fitzhugh Lee y otros representantes de su gobierno. Muy extraño resulta que -según Lacoste refiriera a Maceo el día antes de su muerte- Fitzhugh Lee supiera del cruce de la Trocha al punto de brindar por él. ¿Habrá sido el propio Lacoste quien brindara con el cónsul estadounidense? Si oscura es la fuente de esa información, más oscuro resulta el sentido de ese brindis, aunque viniendo del representante de Cleveland, enemigo de la independencia de Cuba, bien podemos imaginar: brindis por el cruce de la Trocha ꞊ muerte casi segura de Maceo ꞊ intervención yanqui ꞊ fin de la guerra.

13. Tampoco se puede soslayar el artículo Ramón Vasconcelos Maragliano, publicado el día que se inauguró la estatua ecuestre de Antonio Maceo en el parque que lleva su nombre, en el que su autor señalaba: …la intuición filial de José lo profetizó; caerás en una emboscada de los nuestros; de allá no regresarás vivo, y si me dejan, al machete me llego hasta tu cadáver y vengo tu muerte. Antes cayó él, y cayó asesinado por los suyos. Después, su hermano Antonio, al que amaba entrañablemente. Desde Oriente se venía preparando la emboscada, al partir hacia acá. Se le calumnió, se dijo luego que aspiraba a la Presidencia de la República y se continuó asediándolo, hasta que diez cubanos que visitaban a diario su tienda de campaña le asesinaron alevosamente. Algunos de ellos viven, y viven como príncipes. Yo diré algún día sus nombres. Cabe recordar que el principal orador en ese acto fue Miró Argenter por lo que puede colegirse que Vasconcelos disparó su diatriba en su contra, así como en contra de la falsedad de un acto presidido por un gobierno indigno de lo que representaba el Titán de Bronce. Polémico, sí, pero algún fundamento debió existir para que el autor se atreviera a publicar un texto de esa envergadura.

Por último, no podemos olvidar que el primer ministro español Cánovas del Castillo dijo ante el senado, que la guerra se acababa con dos balas, una de ellas para Maceo. Entre los hombres que acompañaron al Titán en San Pedro, ¿no habría alguno destinado a ejecutar semejante idea? ¿No estaría entre aquellos que tuvieron una reiterada actitud inexplicable, injustificable y reprochable?

La historiografía no ha hecho juicios suficientemente críticos acerca de conductas tan reprochables como las señaladas, tratándolas como simples errores humanos, cuando, a nuestro entender, son actos que definen al hombre.

Quedan, claro está, más preguntas que respuestas, pero éstas aflorarán en la medida en que tengamos, nosotros, u otros investigadores, acceso a fuentes hasta ahora inexploradas. Esta obra sólo pretende abrir un camino.
28 de enero de 2020

2 comentarios

    • Francisco Goyenechea Gutiérrez el 12 agosto, 2020 a las 11:34 pm
    • Responder

    Desearía intercambiar al respecto, me he leído bastante a raíz de un comentario que escuché de niño.
    No soy un improvisado y es la primera vez que veo tratado el tema sin tapujos, por favor desearía una vía para intercambiar
    Respetuosamente
    Dr C Francisco Goyenechea

    • Lazaro el 7 diciembre, 2020 a las 1:51 pm
    • Responder

    Saludos, con sorpresa y bastante enfado, he leído este trabajo de investigación y me quedan muchas lagunas sobre nuestra Historia por la Independencia y por el echo en sí.
    Desde niño acunaba una idea sobre la unidad de los cubanos en la lucha contra España, de Miró Argenter siempre se hablo maravillas, etc.
    Al conocer estos datos históricos, varias preguntas:
    ¿Por qué se le sigue dando históricamente a Miró Argenter ese papel patriótico en la Historia del Ejercito Libertador, Las balas que mataron a Martí realmente fueron del enemigo, los que asesinaron a José Maceo si existen evidencias, por qué nunca mencionaron sus nombres?
    Lo que me queda muy claro, es que las cosas de Estado, siempre está rodeadas de medias verdades.
    Pongo un ejemplo de nuestra Revolución, desde 1959 crecí admirando aquella frase de nuestro inmortal Camilo Cienfuegos ” aquí no se rinde nadie” y pasado más de 30 años, en un acto político ” NO FUÉ CAMILO EL DE LA FRASE”, Increible.

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